Posts de Enero del 2008

Soy padre

Jueves, 17 de Enero del 2008, por Arkaninger Feizas

Todavía no soy capaz de explicarme cómo ha pasado. Yo no estaba seguro de querer hacerlo, simplemente seguí un impulso, y aunque sabía que debía tener cuidado, me tapé la vista y me vendé el tacto.

Todo ocurrió demasiado rápido, la tenía entre mis manos y no podía separarla de mí. Ni quería. Ni quiero. Me desnudé sentimentalmente ante ella, y me escuchó. Era todo lo que ambos necesitábamos para que pasara lo que tenía que pasar.

Y casi sin darme cuenta, a mis diecionce, soy padre. La criaturita se llama La bella y la bestia. Y estoy orgulloso de ella.

La bella y la bestia

Enamorado de tu hedor,
apestabas a mala mujer,
lamiendo cada centímetro de tu piel,
cada uno mejor que el anterior.

Inspirado en la falsa sensación
de bienestar compartido,
apelando al siempre útil olvido,
fui una bestia que jugó contigo
a aquel deporte perdido
que solo termina cuando
los dos hemos vencido.

Entonces cogiste ventaja.
Te dopaste en mi cara
y recurriste a la más cara
y mejor de las pajas
para encubrir las migajas
de aquel cuento que acabara
con un mágico toque de vara,
para tenerlo (a él) siempre contento.

Pero olvidaste que las bestias
también tenemos sentimientos.

Arkaninger Feizas. Enero 2008

PD: la madre se encuentra bien, es una hoja de papel reciclado cuadriculada. De tamaño cuartilla.

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Poemario (ad hoc)

Domingo, 13 de Enero del 2008, por Arkaninger Feizas

En el último post que escribí, hablaba de que mi compadre Capi me había animado a publicar en el blog algunas rimas escritas por mí.

A raiz de aquello (a raiz de todas las poesías que le he visto publicar en su ciudad de ranas, realmente) se me pasó por la cabeza la idea de hacer algo útil con mis manos. Algo que no solo disfrutase yo, quiero decir. Escribir y publicar lo que escribo. Si algún día escribiese un poemario, me gustaría que fuese con Joaquín Sabina… si es que a Óscar Valcárcel no le hace la idea. Y le hizo. A la primera, la vencida.

Yo no iba a empezar hasta que acabasen los exámenes, pero hay promesas que nacen para ser rotas.

Pa los tuyos, compadre. Pa que nos cierren las puertas del averno por gamberros.

Profano paraíso

Tirado en una cuneta pisoteo las estrellas,
me lío y me fumo la victoria de la batalla:
una guerra entre las sábanas más bellas
de un hostal fuera de las afueras.

Este duermevela con cirios despiertos
revela la rebelión de los amores descontentos
donde me busco y me encuentro
si no me engañas (te lo ruego).

Me esnifo una dosis de amor a tu espalda,
te araño bajo la falda mientras te grito al oido
susurros prohibidos de ilusiones olvidadas,
porque ahora somos nada y mañana seré todo.

Arkaninger Feizas. Enero 2008

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La responsabilidad del poeta

Martes, 8 de Enero del 2008, por Arkaninger Feizas

Tengo yo un colega, de esos que de vez en cuando empieza un post diciendo “Tengo yo un colega…, que es un cabronazo. Así. Con todas (nueve) las letras.

El tío es un poeta que para ganarse la vida trabaja en algo mucho más simple que la poesía, y también mejor remunerado. Y el tío, que sabe que a mí me gusta la buena poesía, y que lo mismo leo a Bukowski que a José Etxailarena, igual a Benedetti que a Manolillo Chinato, coge y me manda un mensaje y me dice que hasta que yo no publique algo mío en el blog, no va a hacerlo él. Yo, que de cada seis palabras que escribo, tacho siete.

Y me pone a mí entre la pluma y la pared. Y como a mí las paredes solo me gustan para colgar recortes de periódico, elijo la pluma. Y el cubata. Y como ya le he dicho a una amiga (sin que ella lo sepa todavía),
con la pluma en la diestra
y un cubata en la siniestra,
me enfrento a un papel en blanco,
a un folio desafiante
que me mira furioso,
retándome a mancharlo
con trazos vacilantes
que hablen de despojos.

Pero, amigo (y esto también va con todas las letras, cinco, que valen más que nueve), este post es para decirte, entre otras cosas, que he actualizado mi lista de deseos, añadiendo uno que está al final, porque todo lo bueno siempre llega al final. Si quieres leer algo mío en el blog, vas a tener que esperar al menos una semana (putos exámenes), porque todo lo que yo escribo es bueno, y lo bueno siempre llega al final.

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¡Que tiemble el mundo, soy digno de confianza!

Viernes, 4 de Enero del 2008, por Arkaninger Feizas

No sé qué está pasando aquí, si es que se han alineado los planetas, si se acerca el día del juicio final, o si es que a Marujita Díaz le ha vuelto la regla, pero el caso es que últimamente a la gente le ha dado por volcar en mí sus secretos.

Líos, cuernos, secretos laborales, personales… y todos me dicen lo mismo: “te lo cuento porque sé que en ti sí se puede confiar”… ¿perdón?

No sé si es que tengo cara de buena gente o si es que soy el único que pasaba por allí en ese momento, pero a veces sé más cosas de las que me gustaría saber.

Y es que esto plantea un dilema: ¿merece la pena que la gente te cuente sus secretos?

  • Ventajas
    1. Te hace conocer mejor a la gente. Así, por un lado, sabes si la persona que creías que realmente merecía la pena, es capaz de ponerle los cuernos a su pareja (y por ende, de traicionar a cualquier persona), y por otro lado, confirmas que quien tú creías que era un crack, realmente lo es.
    2. Te hace sentir ¿querido? apreciado. Bien, realmente no le cuentas tus secretos a la primera persona que te encuentras por la calle… más que nada porque a esa persona no le importa una mierda, va a pasar de ti y lo sabes.
  • Desventajas
    1. Te carga de responsabilidad. Tienes que tener cuidado con las cosas que dices cuando hay ciertas personas delante. A la primera que se te escape, marrón que te buscas. Por parte del que se entera, y por parte de que te lo contó. Al carajo. Pelearos entre vosotros que sois los que la habéis cagado.
    2. Te roba tu bien más preciado: tu libertad ¿Qué es eso de no poder decirle a una persona lo que realmente piensas, porque otro te lo ha pedido?

Lo mejor y lo peor es que esto suele pasar sin yo preguntar nada, la gente simplemente dice: “oye, te voy a contar una, que sé que en ti se puede confiar, pero no se la cuentes a nadie”, me quitas libertad sin que yo te de permiso, pero si yo te preguntase, no me harías sentir tan apreciado… así que, por todo esto, gracias, malditos cabrones, a todos los que confiais en mí.

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