La subasta del bocadillo de nocilla que termina comiendo tu scouter
Jueves, 20 de Septiembre del 2007, por Arkaninger FeizasHace tiempo que lei en Microsiervos el artículo sobre la subasta del billete de 20 dólares que termina valiendo 500 y me pareció tan interesante, que decidí llevarla a cabo en cuanto pude para comprobarla por mí mismo.
Las reglas de la subasta, tal como podemos leer en el artículo de Microsiervos, son:
- Se subasta un billete de 20 dólares. La puja más alta se queda el billete.
- Hay una regla de silencio: los jugadores no pueden negociar.
- El dinero es real: si ganas, pagas lo que hayas pujado y te llevas el billete de 20 dólares.
- No se puede pujar dos veces seguidas.
- La mayor puja se lleva el billete de 20, independientemente de lo alto o bajo que haya pujado.
- La segunda mejor puja tiene que darle el importe de su puja perdedora a la «banca».
Este verano tuve la oportunidad en el campamento de ponerla en práctica con los lobatillos del Habitat 299 aunque obviamente cambió el objeto de subasta, y en vez de jugarnos dinero, se subastaron dos sabrosísimos bocadillos extra de nocilla para la merienda, y los chavales en vez de apostar dinero, apostaban trozos del bocadillo que les tocaba.
También cambiamos una regla, y es que no solo la segunda mejor puja tenía que pagar, sino todos. Si hacías una puja, pagabas. Y la locura fue máxima. Dentro de un grupo de doce niños de entre ocho y once años, solamente dos (niñas) fueron capaces de mantenerse al margen, y para mí desde luego fueron las más inteligentes. Los niños se peleaban por conseguir aunque solo fuese un bocado más (y os aseguro que allí no se pasaba hambre, pero estos niños están locos por la nocilla), y ni se daban cuenta de que estaban perdiendo cada vez más del que les tocaba.
Me quedó claro que la avaricia del ser humano es algo innato. Como digo, yo estaba con los lobatos (ocho a once años), pero si se llega a hacer el experimento con los castores (seis a ocho años) estoy seguro de que hubiese sido mucho más caótico. Lo único que cambia con la edad es qué ansiamos, pero no cuánto queremos. Todo, y dos más de cada.
Lo que espero que aprendiesen los chavales es que nadie da duros a cuatro pesetas. Lo que aprendí yo es que como la generación que viene, o como mucho la otra, no cambie sus valores (acumular, acumular, acumular; tener más que el vecino; y mejor; y antes), después va a ser demasiado tarde.
Los recursos se agotan y lo único que nos preocupa es almacenarlos en un baúl debajo de la cama.
Quizá esté siendo demasiado extremista (no lo creo), pero este es un asunto en el que el extremismo siempre es escaso.
PD: al final todos comieron su bocadillo (no les íbamos a dejar sin merendar… nos hubiesen merendado a nosotros los padres…), pero cuando aún no sabían que se los íbamos a dejar, una de las niñas que no apostó incluso le ofreció parte de su bocadillo a una de las que lo había perdido entero. Otra lección más ante la que el quitarse el sombrero.
9 de Octubre del 2007 a las 13:55
esos valores no van a cambiar nunca. Tú mismo lo has dicho, es algo innato en el ser humano, y lleva siendo así toda la vida de dios