Leyenda de la bella Susona

Viernes, 24 de Agosto del 2007, por Arkaninger Feizas

Esta quizá sea una de las leyendas más conocidas entre los sevillanos, y eso que a nivel general no se conocen muchas leyendas sobre nuestra ciudad…

Personalmente es una de las que más me gusta, por eso la transcribo aquí; quizá sea la primera de otras cuantas, ya veremos…

Antes de empezar a contar esta leyenda, que más bien es un hecho histórico del que existen referencias, hay que poner en antecedentes de lo sucedido a finales del siglo XIV en la judería sevillana con un muy breve resumen.

Ocurrió que, tras la reconquista de la ciudad (en 1248), los judíos llegaron a Sevilla y se asentaron en lo que hoy son el barrio de Santa Cruz, Santa María la Blanca y San Bartolomé. Vivieron en armonía las tres culturas (cristianos, musulmanes y judíos), porque así lo hicieron valer el rey conquistador San Fernando y sus sucesores, hasta que en 1391 el Arcediano de Écija arengó a los sevillanos a alzarse en armas contra los judíos. Así terminó ocurriendo el 6 de junio, cuando una multitud entró a la vez por las dos puertas que existían en la Judería para evitar que las víctimas huyeran. Al final se contaron más de 4.000 cadáveres.

Y aquí comienza realmente la leyenda de la bella Susona:

Los judíos sevillanos, tras la persecución de que fueron objeto en 1391, habían obtenido la protección de la Autoridad Real, y vivían con ciertas garantías, pero no por ello se sentían del todo seguros, y soportaban innumerables vejaciones. Esto despertó en algunos de ellos un rencor que pronto había de convertirse en afán de venganza.

Y al efecto, un judío muy principal llamado Diego Susón ideó un plan que habría de sembrar el terror en Sevilla, y con la idea, quizá, de organizar un general levantamiento de judíos en todo el reino.

Recordaban los judíos que las persecuciones de los visigodos dieron ocasión a que los judíos de aquel entonces organizasen arteramente una rebelión, al mismo tiempo que facilitaron a los árabes la invasión de España. Ahora quizá podrían hacer lo mismo. Así comenzaron en casa de Diego Susón a celebrarse reuniones secretas para estudiar el plan de la que sería la gran sublevación judía de España.

Tenía Diego Susón una hija, a la que por su extraordinaria hermosura se llamaba en toda Sevilla “la fermosa fembra“. Y ella, engreída por la admiración que despertaba su belleza, llegó a hacerse ilusiones de alcanzar un alto puesto en la vida social. Así, a espaldas de su padre, se dejaba cortejar por un mozo caballero cristiano, uno de los más ilustres linajes de Sevilla, que tenía en su palacio un escudo de gloriosa heráldica.

La bella Susona se veía a escondidas con el galán caballero, y no tardó en ser su amante.

Cierto día, cuando Susona dormía en su habitación, se reunieron en la casa los judíos conjurados, para ultimar los planes de la sublevación. Pero Susona no dormía porque como todas las noches, aguardaba a que su padre se acostase para huir sigilosamente de la casa, a reunirse con su amante hasta el amanecer.

Susona escuchó palabra por palabra toda la conversación de los conspiradores, y mientras tanto, su corazón latía angustiado, pensando que entre los primeros a quienes darían muerte estaría su amante, que era uno de los caballeros principales de Sevilla.

Aguardó a que terminase la reunión de los judíos y cuando todos se marcharon y su padre se acostó, la bella judía abandonó la casa, marchó por las calles de la Judería hacia la actual Mateos Gago, por donde se salía del barrio. Desde allí se dirigió a casa de su amante y entre sollozos le refirió todo lo que había oído.

Inmediatamente el caballero acudió a casa del Asistente de la Ciudad, que era el famoso don Diego de Merlo, y le contó cuanto la bella Susona le había dicho.

Acto seguido, don Diego de Merlo, con los alguaciles más fieles y de confianza, bien armados, recorrió las casas de los conspiradores, y en pocas horas los apresó a todos. Pasados unos días, todos ellos fueron condenados a muerte y ejecutados en la horca de “Buena Vista“, en Tablada.

El mismo día que ahorcaron a su padre, la fermosa fembra reflexionó sobre su triste suerte. Aunque su denuncia había sido justa, no la había inspirado la justicia, sino la livinidad, pues el motivo de acusar a su padre fue solamente para librar a su amante y poder continuar con él su vida de pecado.

Atormentada por los remordimientos, acudió Susona a la Catedral, pidiendo confesión. El arcipreste la bautizó y le dio la absolución, aconsejándole que se retirase a hacer penitencia a un convento, como así lo hizo y allí permaneció varios años, hasta que sintiendo tranquilo su espíritu volvió a su casa donde en lo sucesivo llevó una vida cristiana y ejemplar.

Finalmente, cuando murió Susona y abrieron su testamento encontraron una cláusula que decía: “Y para que sirva de ejemplo a las jóvenes y en testimonio de mi desdicha, mando que cuando haya muerto, separen mi cabeza de mi cuerpo, y la pongan sujeta en un clavo sobre la puerta de mi casa, y quede allí para siempre jamás.

Se cumplió el mandato testamentario, y la cabeza de Susona fue puesta en una escarpia sobre el dintel de la puerta de su casa, que era la primera de la calle que hoy lleva su nombre. El horrible despojo secado por el sol, y covertido en calavera, permaneció allí por lo menos desde finales del siglo XV hasta mediados del XVII según testimonios de algunos que la vieron ya entrado el 1600. Por esta razón se llamó calle de la Muerte, cuyo nombre en el siglo XIX se cambió por el de calle Susona que ahora lleva.

Ésta fue la triste historia de una mujer que movida por el amor y por el pecado carnal, entregó a su propio padre al patíbulo, y que después acosada por los remordimientos no pudo gozar de aquel placer que tan sangrientamente había buscado.

A día de hoy podemos observar en esta calle (que en Yahoo! Maps aún llaman calle de la Muerte) el rótulo que indica su nombre, el que indica el antiguo nombre, un azulejo que nos habla de la historia, y el que se puso para sustituir la canina (se dice que actualmente la calavera está tras este azulejo, dentro de la pared).

Extraído del libro Tradiciones y leyendas sevillanas, de José María de Mena.

2 comentarios en “Leyenda de la bella Susona”

  1. Capi escribió:

    Interesante historia, sí señor!

    Osea que ademas de puta era tonta.. xD

    En serio, me encantan estas historias antiguas que explican el porque de los nombres de calles, pueblos o paises.

    Salud!

  2. Luna escribió:

    No te has leido el libro Capi… Si te lo leyeras, verías que además de ser una hermosa mujer, bellísima, inteligente, culta y justa… No se puede juzgar por ser “puta”.
    Urdió un plan para “ajusticiar” la muerte de us padre… y hubo de hacer todo lo que necesitó para que ese plan se cumpliera… Ojala, todos fuesemos capaces de argumentar en nuestras vidas las justicias del alma y el cómo llegamos a ellas.
    Es un libro que me ha llegado al alma… Gracias.

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