Visitando Cádiz
Lunes, 2 de Julio del 2007, por Arkaninger FeizasEste pasado fin de semana he estado visitando Cádiz, para conocer por fin la ciudad de mi amigo Dávila, quien me acogió a pesar de mi condición de sevillano. Manda huevos que a pesar de estar a menos de 150 km de Sevilla, nunca había ido a Cádiz de visita. Sólo había ido allí dos veces, la primera para la barbacoa del Carranza 2006, y la segunda para el cumpleaños del propio Dávila. Vamos, que hasta hace unos días, siempre que había p’allá, había sido para emborrachare, que tampoco es mal plan.
Sin embargo, ya tenía ganas de acercarme con la cámara de fotos en plan guiri y pasear por sus calles observando la ciudad, acercarme a la Caleta, al castillo de San Sebastián, al parque Genovés, al barrio de la Viña, a la plaza Mina y a la Torre Tavira y su cámara oscura, mecanismo del que espero escribir más próximamente, cuando visite la Torre de los Perdigones de Sevilla, donde hay instalada otra. Hay que decir que Cádiz se divide en dos partes: Cádiz Cádiz, es decir, el casco antiguo, y Puerta Tierra, es decir, la zona nueva de la ciudad, en extramuros. Puera Tierra tiene, más o menos, ningún atractivo turístico desde mi punto de vista, por lo que mi visita se limitó al casco antiguo, y solo salimos para cenar y tomar algo por la noche.
Siempre he definido a Madrid (y no sé si me equivoco, pero es lo que me parece) como una ciudad hecha para trabajar, pero no para vivir en ella. Cádiz me parece lo contrario; es una ciudad para vivir en ella, si no fuese por el tema del trabajo. De hecho, por culpa de la falta de trabajo, la población de Cádiz ha disminuido más del 15% en los últimos 15 años. Por si fuera poco, la ciudad está aislada del resto de la provincia, sólo unida por tierra por el Puente Carranza, y por un istmo (a San Fernando, nota de Dávila). Dentro de poco comenzará la construcción del segundo puente, que debe ser el impulso que necesita Cádiz para salir adelante; si aún así no lo hace, no me extrañaría que terminase perdiendo la capitalidad de la provincia con el tiempo, aunque se me puedan echar encima todos los gaditanos (los nacidos allí y los de fuera, porque los gaditanos nacen donde les da la gana) por decir esto.
Pero aparte de todo esto, es una ciudad preciosa. No voy a dar ninguna clase magistral de historia si digo que es la ciudad occidental más antigua de la que se tiene referencia y que en ella se redactó la primera constitución española, en 1812, pero es casi obligatorio decirlo. Cádiz es una ciudad completamente distinta de las demás. Si hace poco Agu escribía sobre la forma de hablar en Andalucía, lo de Cádiz es pa echarle de comer aparte; uno puede volverse loco al llegar a la ciudad si antes no conoce su forma de hablar, y no es por el acento, sino por las expresiones. Creo que es la única ciudad del mundo en la que cuando quedas con tus colegas en la Plaza de Toros, no vas a un sitio donde se lidian astados.
Uno no se puede volver de allí sin visitar la Caleta, el Parque Genovés (casi la única zona verde importante de la ciudad), la Catedral o las Puertas de Tierra.
Pretendía gastarme unos 30 euros (más el viaje) en el fin de semana (racaneo total), y me salió bastante bien; desgloso:
- Tren ida/vuelta Sevilla - Cádiz: 17 euros
- Subida a la Torre Poniente de la Catedral: 4 euros
- Comida del sábado en La Gorda: 7 euros
- Tinto limón en no sé qué sitio de no sé qué plaza: 1.40 euros
- Pescaito frito para cenar en la Playa de la Victoria mientras anochecía: 10 euros
- Cerveza negra importada en el Memphis en la noche del sábado: 3.50 euros
- Subida a la Torre Tavira y visita a la Cámara Oscura: 3.30 euros
- Total: 17 euros del viaje + 29.20 euros de gastos
La cenita del sábado fue un puntazo que no he comentado, cazón en adobo, croquetas, puntillitas, tortillitas de camarones y chocos en la arena de la Playa de la Victoria, mientras el sol se escondía detrás del castillo de San Sebastián. Y la comida del domingo, en el Romerijo del Puerto de Santa María, cortesía de los padres de Dávila.
Próxima visita: 18 de agosto, Carranza 2007 (otra vez pa coger la papa, que las buenas costumbres no hay que perderlas).
Y por si fuera poco, en Cádiz podemos ver La Habana desde este lado del atlántico. ¡Y un cerdo en un balcón!
