Las despedidas no siempre son amargas
Domingo, 3 de Junio del 2007, por Arkaninger FeizasAyer celebramos la despedida de soltero de mi cuñao, que dentro de poco se convertirá oficialmente en mi familia.
Se inició la jornada con unas carreras de karts, donde el Teniente Anaya me metió dos ostias por detrás que no me hicieron cogerle mucho cariño precisamente; claro cabrón, como para meterse contigo, que luego coges el EuroFighter y a ver quién te dice algo…
La segunda fase fue restaurante brasileño, donde nos pusimos, literalmente, hasta el culo de comer; y venga a pasar carne, y tres viajes que me di al buffet libre, y más carne… y para terminar, caipirinha para todos para preparar la visita a las guarras.
Siguiente parada: American Show [enlace para mayores de 18 años, o menores salidorros bajo su responsabilidad] (la rubia de la web no estaba, lástima). Al fin y al cabo es como cualquier discoteca, pero cobrándote 15 euros a la entrada y con putas dentro. Pues eso, como cualquier otra discoteca. Varios reservados para strepteases privados y una barra vertical para que las pilinguis bailasen; tendrían arriba las habitaciones, pero por suerte para nuestra dignidad y nuestros bolsillos (y para desgracia de nuestras entrepiernas, todo sea dicho), no visitamos.
Me resultó curioso que, al contrario de lo esperado, la clientela que se veía por allí era raro que superara los 40 años. Creo que solo vi a un tío que pudiera tenerlos cumplidos. La media (excluyéndonos a nosotros nueve) debía estar cerca de los 30. Pero tampoco me hagais mucho caso, después de haber pagado 15 pavos para entrar allí, no me dediqué precisamente a mirar a los tíos. Y respecto a las putas, igual había algunas diosas que podían haber hecho lo que quisieran con nosotros (si nuestra dignidad y nuestros bolsillos nos lo hubieran permitido) que había auténticos cayucos malayos que tenían debajo del cuello ubres en vez de tetas. Aunque me alegro de poder decir que el Black Label no fue lo mejor del local, lo cual significa bastante.
Fui consciente de la triste y dura realidad cuando mi concuñao Fernando se acercó y me dijo, textualmente: cuñao, no se nos acercan ni las putas. Busqué una cuchilla para cortarme las venas. Como no la encontré, nos fuimos a la última fase de la despedida, Alfonso (no es un tío que nos diera lo que nosotros no supimos darle a las guarras, es una discoteca de Sevilla).
Entramos allí los nueve maromos buscando de nuevo el mundo real, ese en el que si te quedas mirándole fijamente las tetas a una tía, no solo ella no te sonríe sino que de la ostia que te da te chocas contra el cielo.
A las cuatro de la mañana, a dormirla, y aunque no recuerdo si pasó algo entre nosotros, esta mañana me he despertado con Nana a mi lado, una fémina muy bonita y muy muy cariñosa.